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¿Cómo son las alternancias de ciclos de precios en los cultivos leñosos?

De forma genérica cualquier cultivo agrícola, e incluso de origen ganadero, se caracteriza por dos factores fundamentales, en primer término se trata de una demanda estable, salvo circunstancias excepcionales, pues la población sigue unos patrones similares en épocas sucesivas; la demanda es una magnitud lineal que se rige por razones inherentes a la comunidad o segmento poblacional que consume este producto y salvo sobresaltos procedentes de anomalías en la producción o elementos externos, dicha tendencia es habitual y no excesivamente fluctuante en el tiempo. Sin embargo, la producción es plenamente inestable, pues fundamentalmente en la agricultura o la ganadería, no se da la máxima de las economías de escala de forma radical, o dicho de otro modo, a partir de un punto determinado, un incremento de inputs no genera el mismo crecimiento en los outputs, interviniendo igualmente circunstancias externas, como la climatología, etc., en definitiva, las explotaciones agrícolas o ganaderas no son plantas industriales puras y duras.



No obstante, el funcionamiento de los ciclos de precios, se ve de forma general, como hemos dicho de forma previa, perturbado por la producción en mucha mayor medida, que por la demanda.

Si atendemos al funcionamiento de la oferta, centrándonos en los cultivos de origen leñoso, estos, aunque su incremento medio de expansión de superficie lo hace en un entorno de un 1% anual, es decir, entre 700 y 800 mil hectáreas por campaña, dicho incremento de área, no se transmite de forma inmediata y directa a la producción, pues la media de entrada en producción de cada leñoso desde el momento de la plantación podrá oscilar alrededor de los 5 años, sin tener en cuenta el efecto climatológico, que hace que las puntas de oferta vengan dadas por una combinación especialmente adecuada entre superficie y climatología, que lleva a una producción superior a las habituales que, para que nos hagamos una idea, rondan el 60% de la capacidad total, o dicho de otro modo, la producción real de los cultivos leñosos alcanza tan solo de forma habitual el 60% de la producción potencial nominal.


Los ciclos de cotización de productos procedentes de leñosos vienen catalizados al alza por una sequía severa, pues tan solo el 30% de la superficie de leñosos son de regadío, y son concluidos, cayendo los precios, por una acumulación de periodos abundantes en precipitaciones. Tales circunstancias podrían verse variadas en cada hemisferio, y tipo de cultivo, por el principio de adaptabilidad, pero de forma general siguen esta tendencia. Es por ello, que no es aconsejable destinar recursos promocionales al incremento de demanda que superen las expectativas de la oferta o podríamos caer en un desabastecimiento del mercado y una orientación de las preferencias del consumidor a productos sustitutivos de similar o parecida naturaleza.


Por norma general, ante una caída de precios se produce lo que se denomina un abandono parcial o temporal del cultivo, es decir no se destinan a su cuidado, ni recursos, ni trabajo, volviéndose a hacer en momentos de elevación de precios. Sin embargo, ante un incremento de precios, de forma genérica se producen dos efectos distintos, una afluencia de inversores en busca de rentabilidades más altas, y una especialización de este cultivo, que hace que en poco tiempo se multiplique productividad, competitividad, especialización y sofisticación, lo que desencadena, y siempre por la influencia de la climatología en un colapso de mercado, volviendo el ciclo a iniciarse.


Es por ello, que en los planes de inversión en cultivos de esta naturaleza, se analicen los ciclos, dependiendo de que eslabón de la cadena sea el que ha despertado nuestro interés, de la siguiente forma, se establece una tendencia de cotizaciones media y clara, muy similar a la real prevista, produciéndose lo que se denominan diferencias temporales negativas con el anterior o siguiente eslabón en momentos de incremento de precios y diferencias temporales positivas, en momentos de escasez, o exceso de demanda dependiendo del eslabón que ocupemos.


Por lo tanto, resulta vital antes de emprender una actividad, analizar la tendencia de precios que se ha producido en los últimos, al menos, 20 años, y ver cuál ha sido el valor medio de transferencia del producto, y a su vez cuándo se ha cedido renta al eslabón anterior y posterior, y cuando se ha canibalizado ésta al eslabón anterior o posterior. Por ejemplo, si analizamos los últimos 23 años del sector de elaboración de aceite de oliva, y desde la perspectiva de la producción, 14 años se ha cobrado el producto por debajo de la media del periodo, que ha sido de 2,40 euros para las tres categorías, y durante 10 años se cobró por encima de la media, por lo tanto, dependiendo de la combinación entre producciones y cotizaciones, el resultado de nuestra actividad podría haber sido más o menos adecuada, siempre teniendo en cuenta la existencia de los ciclos, y la supremacía en número de los periodos de bajas cotizaciones sobre los de elevados precios.


Fuente: Eleconomista.

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